Vecinos de Chamberí crean un banco de herramientas compartidas en su portal

Iniciativa vecinal en un portal de Chamberí

En un portal de la calle Hilarión Eslava, en pleno Chamberí, hay un armario metálico que no es del portero ni de la comunidad de propietarios. Pertenece a todos los vecinos que han decidido compartir sus herramientas. Taladros, una escalera de tres peldaños, un set de destornilladores, una sierra de calar y hasta una regleta alargada con cinco enchufes conviven en un espacio de un metro cuadrado que se ha convertido en el ejemplo más reciente de autogestión vecinal en Madrid.

Cómo empezó todo

La historia arrancó en enero, en el grupo de WhatsApp del edificio. Roberto, del tercero derecha, preguntó si alguien tenía un taladro para colgar un estante. Le respondieron tres vecinos a la vez. «Me di cuenta de que en el edificio hay más herramientas que personas que las usan a la vez», recuerda. Propuso crear un inventario compartido y la idea caló.

En febrero, se reunieron ocho familias en el portal — literalmente, sentados en las escaleras — y acordaron las reglas básicas: cada herramienta se etiqueta con el nombre del propietario, se devuelve limpia y en un plazo máximo de 48 horas, y cualquier daño se comunica directamente al dueño.

El armario y el cuaderno

El armario lo donó Pilar, del primero izquierda, que lo tenía en el trastero sin uso desde una mudanza. Lo pintaron de verde — el color que la comunidad eligió por votación en el chat — e instalaron una cerradura con combinación que todos los participantes conocen. El registro de préstamos se lleva en un cuaderno de espiral colgado en la puerta con un boli atado con una cuerda.

«Pensamos en hacer una app, pero decidimos que era innecesario», explica Lucía, del quinto. «El cuaderno funciona, todo el mundo sabe leer y escribir, y además es más transparente: pasas por el portal y ves quién tiene qué».

Quién participa y quién no

De las 24 viviendas del edificio, quince familias participan activamente. Algunas han aportado herramientas; otras solo las usan ocasionalmente. Tres vecinos mayores de 70 años son de los más activos: «Antes pedía favores para cosas pequeñas y no quería molestar. Ahora cojo la escalera yo sola y cambio la bombilla del pasillo», nos contó Antonio, del segundo.

No todos están convencidos. Una vecina del sexto prefiere no participar por «cuestiones de responsabilidad civil» si alguien se hiciera daño con su taladro. El grupo respetó su decisión y acordó que las herramientas compartidas son responsabilidad de quien las presta y quien las usa, sin vincular al edificio como entidad.

Resultados después de cuatro meses

En cuatro meses de funcionamiento, el cuaderno registra 47 préstamos. Los más solicitados: el taladro (18 veces), la escalera (12) y el set de llaves Allen (9). No ha habido ninguna herramienta perdida ni daño significativo. Un destornillador se rompió por desgaste y el grupo acordó comprar uno nuevo con una aportación simbólica de dos euros por familia.

El ahorro estimado por familia participante ronda los 150 euros en compras evitadas de herramientas de uso puntual. Pero más allá del dinero, los vecinos destacan el valor social: «Ahora nos saludamos en el ascensor con nombre y apellido», dice Roberto.

¿Se puede replicar?

Desde la Asociación de Vecinos de Chamberí han recibido consultas de otros edificios interesados en replicar el modelo. El grupo de Hilarión Eslava compartirá su experiencia en una charla gratuita el 15 de junio en el centro cultural del barrio. No hay fórmula mágica: hace falta confianza, un mínimo de organización y la disposición a compartir sin esperar nada a cambio.

Si conoces una iniciativa similar en tu barrio, cuéntanosla. Nos interesa documentar estos proyectos que demuestran que la comunidad, a veces, se construye con gestos pequeños y un cuaderno en el portal.